RESEÑA DE HOMILÍAS DEL QUINARIO

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Les iremos adjuntando a continuación las predicaciones de Rvdo. D. Francisco de Borja Medina Gil-Delgado en estos días de Quinario a Nuestro Padre Jesús de las Penas, para su lectura por los hermanos que no hayan podido asistir, bien por enfermedad o por residir fuera de Sevilla en estos días. Invitamos a la reflexión meditada de las palabras que cada día dedica el oficiante al Señor de las Penas y a todos los que e seguimos con Fe.

Primer dia: La Oración de Jesús de las Penas en el Getsemaní.

La Oración es el arma más importante del cristiano, ya que, a través de ella podemos conocer en profundidad e intimidad a Dios nuestro Padre. 

Jesús durante toda su vida pública insistió de forma reiterada a todo aquel que le seguía o que siquiera que le escuchara, que gracias a la Oración era y es posible poner en valor el yo más auténtico. 

Esto lo puso en práctica especialmente con sus apóstoles, hombres que no entendían que el verdadero poder de Dios es el espiritual, el cual hace posible hacer presente al Padre en el día a día, para que también Él se alegre con nuestras alegrías y llore nuestras penas.

El mundo de hoy vive sumido en un permanente ruido externo e interno; hagamos pues como Jesús y guardemos silencio dentro de nosotros, para que, por medio de una vida piadosa, sacrificada y siempre en oración, nos sea posible vivir con Cristo y en Él.

Segundo día: La libertad del Señor de las Penas.

El Señor de las Penas es la Luz que el Padre reveló a los hombres y asimismo, Él es la verdadera Libertad.

La Libertad de Cristo es perfecta, ya que por medio de ella se manifiesta de forma clara el sometimiento al Padre y a Su Voluntad; dejando atrás toda mundanidad y apego por lo que este mundo nos ofrece.

Como cristianos y hermanos de las Penas debemos de meditar y repensar cómo utilizamos nuestra libertad, si para hacer lo que Dios quiere o para volvernos esclavos de nuestro propio yo o del mundo.

Hagamos pues, de nuestra propia vida un santuario de verdadera Libertad, desde donde el Señor reine, haga brillar nuestras virtudes y purifique nuestros pecados e imperfecciones.

Tercer día, el encuentro del Señor de las Penas con la Santísima Virgen María camino del Monte Calvario.

El Hijo, manso y humilde de Corazón, en todo momento cumplió la Voluntad del Padre, no dejando atrás nunca todo aquello que se le encomendara, por duro que fuera o por complejo que resultara, ya que reconoció en todo momento la grandeza, la perfección y la brillantez de la Ley Divina.

La humildad es pues, en Cristo un factor esencial ya que lo llevó a consumar la Voluntad de su Padre.

La Santísima Virgen María, criatura hecha por la Trinidad con toda serie de gracias en su más alto grado, conmovió el Corazón de Dios durante toda su vida terrena; aceptando su Voluntad desde la Encarnación hasta el final de sus días.

Todo esto nos lleva a preguntarnos personalmente si verdaderamente somos humildes y reconocemos la grandeza de Dios y elegimos poner en práctica los preceptos de su Santa Ley o, sin embargo, si elegimos la paupérrima opción que nos da el mundo

Cuarto día: El Sacrificio del Señor de las Penas, la Eucaristía.

"Podríamos vivir un día sin sol, pero no uno sin Eucaristía".

Abraham, atendiendo a la petición del Señor, fue capaz de poner a su disposición el bien más precioso que tenía, su propio hijo. Dios, viendo la obediencia de su siervo, no únicamente salvó la vida del muchacho Isaac, sino que proveyó un cordero para el sacrificio.

Cristo es el Cordero inocente, la víctima perfecta, que desde el madero de la Cruz entregó su Cuerpo y Sangre voluntariamente para reconciliar a todos los hombres de todos los tiempos con el Padre. El Señor vuelve a actualizar en cada Santa Misa su inmolación en la Cruz solo por amor.

Conociendo esto, nuestra Eucaristía no puede ser algo sin sabor, sin fundamento, algo a lo que nos hemos acostumbrado, sino más bien el centro de nuestras vidas y de nuestra Hermandad.

Debemos pues contemplar el Misterio como lo que es, Jesús que por amor viene al mundo a salvarnos para que podamos vivir nuestras vidas cimentados en la Verdad, en Él.