RESEÑA DE LA PEREGRINACION A LA BASILICA DEL GRAN PODER

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  El pasado lunes 7 de noviembre la Hermandad realizó la peregrinación por el Año Santo Jubilar a la puerta de la Basílica del Gran Poder para ganar las indulgencias plenarias. Para eso un grupo de más de cien hermanos se presentaron en nuestra iglesia de San Vicente para llevar a cabo dicho recorrido. Comenzamos en el altar mayor donde pudimos coger la cruz parroquial que guiaría nuestro caminar y nos pusimos en recogimiento y en oración para realizar un buen acto de misericordia. 

 

 

 


   Paramos antes de salir de San Vicente en nuestra capilla donde rezamos a la Virgen Santísima de los Dolores varias oraciones y en donde descubrimos  que  la misericordia  es una cualidad del amor maternal. El hijo había sido engendrado de María Virgen para ser el amor misericordioso de la humanidad; y María difunde  esta misericordia con amor de Madre que se extiende de generación en generación, según el diseño del Padre que la había asociado íntimamente al misterio de Cristo y de la Iglesia. De ahí el origen de tantas representaciones de María, que evocan el profundo sentido religioso su protección maternal, precisamente como Madre de la Misericordia; la Virgen María  representada con el manto bajo el cual se refugia el pueblo cristiano. 

 

  Salimos de San Vicente y fuimos peregrinando hasta la iglesia de La Vera Cruz donde pudimos rezar la oración del jubileo y aprender que Los Santos han llegado a ser misericordiosos con los demás porque han sido los primeros en dejarse empapar por la infinita bondad de Dios. Han llegado  a ser misericordiosos porque se han sumergidos en la Divina Misericordia. La santidad cristiana comienza con el asombro que sentimos ante el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, cuando nos damos cuenta de que Él  se ha hecho nuestro Dios y nuestro prójimo unificando en sí mismo, de una vez y para siempre los dos mandamientos. 

 

 De nuevo volvimos  a seguir andando y meditando todo esto hasta la Iglesia de Santa Rosalía donde después de rezar el salmo 24 pudimos reflexionar sobre las palabras del Santo Padre Francisco que nos dice que siempre tenemos las necesidad de contemplar el misterios de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia; es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia; es la ley fundamental que habita en el corazón  de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia; es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón  a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado. Cualquiera que entrará por la Puerta de la Misericordia, podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza. 


 

 

  

Nuestra peregrinación acabaría con nuestra última parada antes de la Eucarística en dicha Basílica, en la Puerta Santa de la  Misericordia, en donde después del Evangelio de Mateo 16(13-19),  rezamos la profesión de nuestra fe con el credo, así como unas oraciones finales por las intenciones del Santo Padre. Todos nuestros hermanos entramos arrodillándonos por la puerta para culminar esta peregrinación. 

 

 

La celebración de Santa Eucaristía  fue sin duda muy íntima y emocionante delante del Señor del Gran Poder y las lecturas muy edificantes. En la primera el Señor nos llama a ser sus sacerdotes eternos a predicar el Evangelio en todo momento y circunstancias de nuestra vidas. El salmo que realizamos todos juntos fue el 23, "El Señor es mi pastor nunca me falta". Siendo el Evangelio la parábola de Hijo Prodigo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Don Marcelino quien presidió la celebración, acompañado de nuestro director espiritual Don Manuel Ruiz y nuestro Diácono Alberto Álvarez, en su homilía fue claro y nos explicó la necesidad de tener actos de misericordia en nuestras vidas, a pesar que caigamos como Nuestro Padre Jesús de las Penas por las faltas y pecados del mundo. Pero debemos de reponernos con la ayuda de su soberano poder, alcanzando la remisión de nuestras culpas y aspirando a la Santidad.

 

 

 

A la finalización y después de entregar en las ofrendas un bellísimo ramo de claveles rojos la Hermandad del Gran Poder nos otorgó un diploma conmemorativo por alcanzar el jubileo en la Basílica, así como nuestra Hermandad le dio un obsequio por la atención tenida hacia nosotros en todo momento. Todo culminaría con una foto de grupo de todos los peregrinos de la Hermandad.