Informamos a todos nuestros hermanos que las intenciones de la misa del próximo lunes 25 de febrero a las 20:00 horas serán por el eterno descanso de N.H.D. Julio Ardana García, en el aniversario de su fallecimiento.

Que el Señor de las Penas y su Bendita Madre María Stma. de los Dolores la acojan en su seno. Descanse en paz

S.S. El Papa Benedicto XVI ofrece esta Cuaresma un escrito sobre la caridad basado en el texto evangélico: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él» (1 Jn 4,16). Reproducimos a continuación la carta de Su Santidad con motivo de la Cuaresma.

 

 

 

 

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.

1. La fe como respuesta al amor de Dios

En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1). La fe constituye la adhesión personal ―que incluye todas nuestras facultades― a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por “concluido” y completado» (ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a). El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―«caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14)―, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.

«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz ―en el fondo la única― que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).

2. La caridad como vida en la fe

Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido. Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).

Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad. Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).

La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17). En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).

3. El lazo indisoluble entre fe y caridad

A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica». Por un lado, en efecto, representa una limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe. Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.

La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios. En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Lc 10,38-42). La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana. Como escribe el siervo de Dios el Papa Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cf. Caritas in veritate, 8).

En definitiva, todo parte del amor y tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de Dios mediante el anuncio del Evangelio. Si lo acogemos con fe, recibimos el primer contacto ―indispensable― con lo divino, capaz de hacernos «enamorar del Amor», para después vivir y crecer en este Amor y comunicarlo con alegría a los demás.

A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de san Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10). Aquí se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad. Éstas no son principalmente fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan de la gracia que Dios concede abundantemente. Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente. La cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.

4. Prioridad de la fe, primado de la caridad

Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo (cf. 1 Co 13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace decir: «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).

La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud. Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).

La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano. Análogamente, la fe precede a la

caridad, pero se revela genuina sólo si culmina en ella. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»), que permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (cf. 1 Co 13,13).

Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de cuaresma, durante el cual nos preparamos a celebrar el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor de Dios redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida. Por esto, elevo mi oración a Dios, a la vez que invoco sobre cada uno y cada comunidad la Bendición del Señor.

Vaticano, 15 de octubre de 2012

BENEDICTUS PP. XVI

 

Informamos a todos nuestros hermanos que se recupera el horario habitual de las misas de los lunes a partir del próximo lunes 3 de septiembre a las 20:30 horas, siendo a las 20:00 horas desde el 17 de septiembre incluido en adelante.

Las intenciones de las próximas misas serán por el eterno descanso de:
-N.H.D. Juan Megía Pérez (3 de Septiembre)
-Nª.Hª.Dª María Paz Sarasúa Heredia (10 de Septiembre)
-Nª.Hª.Dª Milagros Muñoz de Bustillo Palazuelos (17 de Septiembre)
-N.H.D. Julio Jiménez Fernández y D. Juan Rodríguez (24 de Septiembre)
-Nª.Hª.Dª María Aguado Yáñez (1 de Octubre)
-N.H.D. José Luis Retamero Salgueiro (8 de Octubre) 

Con el deseo que el Señor de las Penas y su Bendita Madre de los Dolores nos acompañen durante este nuevo año cofrade, os enviamos un abrazo en Cristo.

Desde la Diputación de Formación se va a intentar, a través de actividades desarrolladas durante todo el año, crear y reforzar los distintos grupos que existen en la Hermandad. Por ello como primera apuesta de creación se va a comenzar a impartir este año catequesis del Sacramento de la Confirmación para todas aquellas personas bautizadas mayores de 14 años, bien sean hermanos, amigos o feligreses de la parroquia.
La inscripción podrá realizarse durante todo el mes de Septiembre entregando la ficha correspondiente en la Casa Hermandad.

Informamos a todos nuestros hermanos que las intenciones de la misa del próximo lunes 10 de septiembre a las 20:30 horas serán por el eterno descanso de Nª.Hª.Dª. María Paz Sarasúa Heredia.

Que el Señor de las Penas y su Bendita Madre María Stma. de los Dolores la acojan en su seno. Descanse en paz

La Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santísima de los Dolores, establecida canónicamente, desde su fundación en 1.875, en la Parroquia del Invicto Mártir Español San Vicente, consagrará (D.m.) el próximo sábado 15 de septiembre, festividad litúrgica de los Dolores Gloriosos de la Santísima Virgen,y conforme a lo establecido en la regla 29 de la Hermandad

 

 



SOLEMNE FUNCION RELIGIOSA en honor a su Muy Excelsa y Amantísima Titular María Santísima de los DOLORES.


Dara comienzo a las 21:00 horas en la Capilla de la Hermandad de la Parroquia de San Vicente mártir y será presidida y oficiada por  D.PEDRO ARENAL MACARRO, Pbro.

A.M.D.G. et B.V.M.

Así de hermosa lucía Nuestra Bendita Madre en el día de la Solemne Función por los Dolores Gloriosos de la Virgen. Sobre un precioso y sencillo altar, vestida con la saya azul marina de la rosa, bordada en los talleres de Mendoza y Aguilar, y el manto burdeos realizado por las hermanas del taller de bordados con las caidas del antiguo palio.

La homilía corrió a cargo de nuestro párroco D. Pedro Arenal., quien versó sobre los Dolores de la Virgen simbolizados en espadas que atravesaron su pecho, y que aún hoy tienen su reflejo en la realidad del paro, de la enfermedad, la soledad y la marginación, haciendo hincapié en la obligación de los hermanos de la Hermandad en no pasar inadvertidos ante estas situaciones que son el dolor actual de la Madre.

Informamos a todos nuestros hermanos que las intenciones de la misa del próximo lunes 17 de septiembre a las 20:00 horas serán por el eterno descanso de Nª.Hª.Dª. Milagros Muñoz de Bustillo Palazuelos.

Que el Señor de las Penas y su Bendita Madre María Stma. de los Dolores la acojan en su seno. Descanse en paz

En el Cabildo de Oficiales del pasado día 13 de septiembre, y a propuesta del Diputado de Juventud, fue aprobada la nueva Junta Auxiliar. Constituida conforme a los Estatutos del Grupo Joven ejercerá como escuela de cofrades y colaboración activa en laHermandad. Está compuesta por los jóvenes que a continuación se detallan:



Presidente: Rafael Nieto Molina
Vicepresidente: Felipe Rivera Gómez
Fiscal: Ángela Carrero Benítez
Secretario I: Carlos Magariño Herrero
Secretario II: José Valencia Bernal
Mayordomo I: Jaime García Benítez
Mayordomo II: Venancio Rodríguez-Tabernero Vidal.
Tesorero: Javier Molinos Martín
Prioste I: Javier Thomas Cortés
Prioste II: José Manuel  Sánchez Caballero
Prioste III: Manuel Dorado Fernández
Delegado Caridad: Cristina Fernández de Sevilla Fernández
Delegado Cultos: Luis Martínez Gallardo
Delegado Formación: Rocío Romero Gori
Delegado Grupo Joven: Luis Yáñez Serratosa
Vocal I Grupo Joven: Enrique Belloso España

Vocal II Grupo Joven: Pablo Navas de Torres

Que el Señor de las Penas y María Stma. de los Dolores les acompañen en esta nueva tarea y crezcan en formación y amor a la Hermandad.

Os recordamos que por concesión de La Real Congregación de Luz y Vela esta Hermandad tendrá asignado los días 24, 25 y 26 de septiembre, JUBILEO CIRCULAR DE LAS XL HORAS que dará comienzo (D.m.) a las 10:30 horas de la mañana con EXPOSICIÓN DE SU DIVINA MAJESTAD para veneración y adoración de fieles y devotos hasta las 14:00 horas y desde las 17:30 hasta las 20:30 horas de la tarde, dando comienzo el

SOLEMNE TRIDUO DE EXALTACIÓN A LA EUCARISTÍA
con el orden que a continuación se redacta: ESTACION A JESUS SACRAMENTADO, MEDITACIÓN, PRECES, ORACIÓN DE LA HERMANDAD, TANTUM ERGO, BENDICION Y RESERVA.
 
El último día terminarán los cultos con SALVE SOLEMNE A LA SANTÍSIMA VIRGEN.
A.M.D.G. et B.V.M.
"La visita al Santísimo Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia Cristo, nuestro Señor"